EL IMPOSIBLE EQUILIBRIO



Hay una balanza, no de cobre, no de plata o latón y menos de oro, es intangible, etérea, y de la precisión más absoluta.

Incomprensible en el medio que se encuentra, los valores a medir no existen, no se ven, no se oyen, solo se sienten, nuestra alma es el tacto que requieren.

Pero su manejo es perpetua equivocación, la felicidad pesa tanto que es representada con una pluma y la angustia rellena de algodón y cubierta en plomo parece llevarla a su lado.

El dinero equivale a la nada misma pero los platos están llenos hasta que se rebosan y no bajan, aun así, hay pequeñas familias que inclinan todo y logran temporal balance.

La verdad que creemos conocer no es más que desequilibrios interactuando entre sí en un plano común, en donde nuestra débil atención se dirige a todas menos a la nuestra.

Las lágrimas de alegría no se comparan a las de tristeza, pero la tristeza pesa más que la tranquilidad y la tranquilidad pesaría más que el sufrir, pero no es un valor establecido, es el que nosotros decidimos darle de maneras aleatorias y sin sentido.

Porque no existe el sentido sino la razón y la razón es lo que más pesa, pero el impulso primitivo de tomar caminos laberinticos que conducen a lo que suponemos que queremos pesa aún más.

Entonces nunca encontraremos el equilibrio, porque el amor nos da felicidad, pero lo equiparamos a una mesa de oficina, la locura cambia las divisas de lo que pensamos, pero pierden valor para los demás.

Las cadenas se sostienen en el mástil del inconformismo.

No tiene sentido ninguna decisión, pero en decisiones se basa el ser, entonces se cuestiona la existencia, porque una rosa en mi jardín existe gracia a mí, pero yo no existo gracias a ella, entonces vivir se divide en mil cuerdas que nos atan como marionetas sabiendo que el artista somos nosotros.

El escenario se cae a trozos y vemos eso mientras estamos en un sillón con mil pixeles de frente.

Nunca estará equilibrada nuestra balanza, cada día se añaden y quitan gramos de frio y calor, restando en peso minutos y horas, y sumando días pasados.

¿Así que el sentido de la vida es el balance o el constante martirio de la imperfección?

 Cristhian Julián Martínez

 

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