HEREJÍA

 




Plaza de San pedro vaticano 8:00 pm

 Multitud aglomerada, el papa estaba presto a dirigir su discurso anual de viernes santo.

Yo cubro el evento en vivo para el canal, no me parece gran cosa, no por ser ateo, simplemente no me llamaban la atención aquellos pomposos eventos, solo cumplía con mi trabajo.

Empezamos la transmisión, noté algo en la mirada del hombre, no supe definir en su momento aquel rasgo, era algo hosca y al empezar la locución su voz tenia tono ímprobo, nadie más parecía notarlo, tal vez por la euforia de tener de frente al hombre más cercano a dios.

Todo quedo en silencio, “¡CALLAD!”, el grito estremeció a todos, pero permanecí impertérrito, no me sorprendí, al contrario, lo estaba esperando, así que me enfoqué en su discurso.

Empezó a maldecir, mientras señalaba a una monja atada de manos a su diestra, pronunciaba lo siguiente “esta hereje que veis aquí a provocado un holocausto” su actitud era inescrutable, todos se preguntaban que había hecho aquella mujer que por cierto era bellísima, para recibir tales acusaciones del santo padre, era supremamente joven y por su indumentaria se sabía que era una novata.

De un momento a otro saco un revolver de cacha blanca, muy lustroso y empezó a apuntarle con inicuo sentimiento, a la vez que revelaba un hierático secreto, “ mundo, ella me ha tentado a cometer un pecado mortal” yo sabía de qué se trataba, lo veía en su  mirada exorbitada, “ me ha hecho violar el sexto mandamiento y ahora voy a infligir el castigo que merece así viole el quinto también” posterior un disparo, un ruido sordo, una mujer cayendo,  era lego con el manejo del arma pero bastó para arrebatarle la vida a la novicia. La gente empezó a correr como hormigas a punto de ser fumigadas, el permanecía con rostro reflexivo, se le notaba incluso más calmado, sus cardenales intentaban acercarse para tomarlo.

Yo seguía transmitiendo todo, en estudio estaban alterados, yo no, solo reportaba los hechos, que prosiguieron con las últimas palabras del hombre en el balcón, “es un honor para mí morir el mismo día que Jesús quien sabe y el domingo resucite”, culminando con un disparo en su boca.

Seguimos en estudio, buenas noches.


Cristhian Julián Martínez C.

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