HUMO

 



Disipa la realidad, una cortina que otorga privacidad en un mundo que no la respeta.

Porque me encontraba frente a un crucifijo y necesitaba ocultar los ojos de dios.

Recuerdo mi primera confesión, los pecados que un niño no comete, fueron dichos a un desconocido que afirma veinticinco avemarías son suficientes para perdonar lo que no debía ser perdonado, debía ser comprendido.

Oculta la tristeza y evapora las lágrimas de un hombre que llora, porque la vida llega a pisotearlo como un gigante.

No todo es malo, le ayuda a un joven a esconder los problemas comunes de un día común, y lo hace ver formas en el, que inspiran canciones y versos que llevan pastel a su mesa.

En un existir que podría parecer insípido y carente de odorantes, manifiesta fragancia que conduce a experiencias extrasensoriales, porque me lleva a lugares recónditos de mi pensamiento, donde viven las ideas más abstractas, pero más hermosas, porque entender los engranajes de la conciencia es algo que raya la divinidad.

La silueta de una mujer se forma y es entonces cuando el amor llega, de manera no tangible, tampoco irreal, más bien efímera, como la estela que lo forma, y hace entender que todo en el mundo es efímero, es finito, aun mas, relativo.

Porque dura el humo años en mi mente cuando eludo a la muerte y solo dos segundos cuando muestra el sentido de la vida.

Las notas de una melodía perfecta se forman en un pentagrama, en tono menor, porque refleja melancolía, aunque solo se escucha a través de los ojos, se puede saborear la armonía por un breve instante, una pieza que reafirma lo que efectivamente acaba de pasar hace dos segundos frente a tus ojos.

El tren está a punto de salir, y con el llamado una última exhalación, que culmina una parada en un viaje que puede o no tener retorno, puede o no tener sentido, puede o no tener lógica, puede o no tener conciencia.


Cristhian Julián Martínez C.

Comentarios