PRELUDIO




En el cielo trompetas, anuncian hechos, caballeros en el campo blandiendo sus armas y plantando escudos para frenar el mal. 

Pelotones de hombres que claman libertad con el pueblo a sus espaldas.

La arena y el humo opacan sus yelmos, pero su corazón es fuerte y suficiente para seguir.

Porque el fin no está cerca, la oscuridad aún reina y comanda en la torre, que millones de almas iluminan con luces de velas y esperanza. 

Dioses antiguos encarnados en los más puros dueños de la tierra acompañan la campaña, y otorgan valor a sus descendientes. 

Urkunina ruge y protege el valle, forjando historia de heroínas llenas de coraje. 

La tierra de casas blancas no permitirá que sean manchadas por la tiranía de apellidos que se desvanecen en el tiempo, y donde el fuego destruye bienes superfluos e insignificantes. 

Una mirada a la bóveda celeste acompañado de estruendos emanados de criaturas casi místicas, que anuncian cambios en el reino de bachue.

Uniéndose a la gran cruzada guerreros bolsiverdes dan señales a las alturas en memoria de los caídos. 

En los valles donde el cielo se une con la tierra la muerte ha rondado a lo largo de la guerra, con espíritus inocentes que anteceden días de clamor y sufrimiento. 

Es la antesala de un grito de resistencia que no cesará lleno de júbilo inmortal.

Demonios surcan las nubes infundiendo terror con sus ojos de hierro incandescente y aliento de fuego.

Aun así, firmes en pie, héroes dignos de ser nombrados en las odiseas griegas no les temen y salen en medio de la noche sabiendo que tal vez no haya un mañana. 

Los temidos emprenderán retirada y una mañana será acariciada por una brisa de olor a panela que sanará a los verdaderos soldados del pueblo. 

Amada eres Colombia.

Cristhian Martinez


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