MISERICORDIA
Que es un hombre, sino sus acciones, sus pensamientos
y todo lo que lo compone.
Que es un monstruo, sino odio sin forma, muerte en las
manos, y palabras de sangre.
Todo converge cuando los pensamientos de un hombre son
los actos de un monstruo.
La realidad es que si, se esconden a plena luz, pasan
en frente de nosotros, con mohínos sentimientos encapsulados en falso
altruismo, porque no pueden esconder siempre su verdadera naturaleza, sus
manías llevadas a los extremos más repudiables.
Sus pensamientos retuercen la realidad a su propia
conveniencia, una bella flor símbolo de amor, puede ser una carta premonitoria
a la muerte, y ellos lo creen así, no alteran su vista voluntariamente, las
imágenes rojas son su mundo, su vida misma, lo único que toleran, lo único que
conocen.
Una vida miserable, vacía, debe ser terrible despertar
cada mañana y saber que tu espíritu está manchado, tu alma está condenada, tus manos
no pueden acariciar, y tu corazón no puede amar. Porque creen hacerlo, son tan
asquerosos que lo dicen a diestra y siniestra, pero sus palabras son altamente
contradichas con cada insulto, golpe, asesinato y repudio que aciertan en un
ser noble.
Su superioridad solo es justificada con razones que
tienen cimientos en su cerebro putrefacto, en el mundo real son despreciados, y
aceptados por monstruos igual a ellos, o súbditos a quienes fueron implantadas
las mismas razones.
Sus grandes obras son expuestas en Plutón, sus enormes
discursos fueron escritos en meteoritos que solo ellos vieron caer, van a
salvar el mundo de los dinosaurios, van a pintar paredes durante horas que
duran cinco minutos.
Pocas personas los han visto realmente, y aún menos
han sobrevivido, pero son extraordinarias aquellas que han hecho algo al
respecto, un acto precioso, más fuerte que el perdón, más valiente que el
martirio, una sola muestra de supervivencia que otorga el respeto de todos los
seres que habitan la tierra, misericordia.
La muerte de aquellos que lanzaron saetas al corazón
de una madre, la bala de plata en la cabeza de un licántropo inicuo que miente
sobre sus intenciones, la estaca en el pecho de un vampiro que absorbe la
vitalidad de un niño, la hoja en el cuello de un hombre que destruye sueños.
Cristhian Martínez.

😳 ¡Me ericé!
ResponderEliminarEs la intención y me complica saberlo ... Ojo con los monstruos
EliminarMuchas veces el verdadero monstruo se encuentra en nuestro ser, escondido tras capas y capas, temo el día que esas capas sean atravesadas y el monstruo escape. Que buen relato, ojala, algún día yo sea capaz de hacer algo parecido, fino señores.
ResponderEliminarMe encantó tu comentario, lo interpretaste excelente, mil gracias por leerlo. :)
Eliminar