LA SUERTE DEL TRÉBOL



Por más que lo intenté no pude controlar el acelerado temblor de mi cuerpo a la par del alterado ritmo de mi corazón. El miedo me paralizó tanto tiempo que perdí la cuenta, sentía como el sudor frío de mi frente se desplazaba lentamente hasta desembocar en mi cuello, el mismo que parecía atractivo para aquella criatura. Desperté en un lugar oscuro del bosque, no recuerdo cómo llegué hasta allí.

            Sus brillantes ojos rojos me miraban con fascinación, no parecía tener fuerza física pero sí una gran fuerza sobrenatural, lo notaba solo con su presencia.

            Me convencí de que todo era un sueño, hasta que sentí el dolor de la herida punzante en mi brazo, logré aún paralizado bajar los ojos para darme cuenta de cómo mi sangre chorreaba, era de un color rojo tan vibrante que el pequeño duende mostró una aterradora sonrisa al verla caer, sus asquerosos dientes en forma puntiaguda relucían ante aquella oscuridad, al igual que sus pequeños ojos rojizos, manchados de la inocente sangre de sus víctimas, tal vez.

            Quise correr y huir, irme muy lejos de ese lugar, pero no podía moverme, fue ahí cuando me di cuenta de que aquella pequeña criatura del bosque había puesto sobre mí su magia oscura, divisé a mi alrededor una especie de neblina de un tono morado oscuro y me percaté que sus ojos seguían fijos en mí.

            Solo pude quedarme quieto y apartar la vista, cerrando de esta forma mis párpados ya cansados para esperar mi final, el cruel final que pronto me acechaba y susurraba en mi cuello, me detuve unos segundos de mi tiempo final para recordar mi vida y despedirme en mi mente de cada una de las personas que amé, pero en ese momento una voz aguda interrumpió mis últimos pensamientos:

            —Seguramente estás muy confundido —sentenció el pequeño duende sonriendo y continuó—. Estás aquí por una razón, pero seguramente no la conoces —finalizó con la misma tenebrosa sonrisa, pero esta vez sus ojos rojos se habían ensanchado.

            Yo no podía esbozar siquiera una inútil palabra, mi corazón latía bruscamente buscando salirse de mi pecho y huir como la inutilidad de este cuerpo humano me impedía.

            —Es por el trébol.

            —Ahh… ¿A qué te refieres? —alcancé a decir con voz temblorosa.

            La pequeña criatura con traje verde y ojos carmesí resplandecientes se acercó a mí con pasos lentos, hasta que estuvo cerca de mi cuello continuó:

            —El trébol de cuatro hojas escoge a mis víctimas, no es un caso de suerte, azar y beneficio para quién lo encuentra, eso son solo cuentos de hadas —finalizó con carcajadas y con sus ojos aún brillantes como la luna llena sobre mí, se acercó más a mi cuello lánguido y bañado con mi frío sudor, esta vez me susurró al oído—. Te escogió a ti cuando lo encontraste en el bosque, y por eso estás aquí.

            En ese momento sentí crujir cada uno de mis huesos, mi corazón se detuvo y solo pude pensar «Maldita la hora en la que te encontré y te llevé a casa», dolor y miedo fue lo último que me acongojó. Mi querida madre me dijo que me alejara del bosque, ¿la misma suerte le esperaría a mi esposa e hijos?

            Yo mismo les dije que buscaran otro trébol de cuatro hojas como el que yo había encontrado.

            El dolor me perseguirá en la muerte hasta encontrarlos…

             

 Scarleth Espluga C.


 

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